Sus palabras fueron una puñalada que te penetró directo en el centro del pecho… retumbando en tu vacío mental una y otra vez… Tu respiración se puso más y más densa… Sentías el dolor punzante y profundo, pero no ibas a permitirte perder una sola lágrima…
Hubieses gritado, pero no había siquiera suspiros alojados en tu garganta… Miraste la hoja afilada, la sentiste entre tus dedos, la disfrutaste por anticipado… Sabías que esa dulzura es terriblemente pasajera, tan rápido se esfuma, transformándose en cicatriz… A pesar de eso, tenías muy claro que era el único modo de aliviar el dolor, solo querías inhalar un poco de vida...
La sangre salió tan lentamente como deseabas, respiraste hondo… Le sonreíste al espejo, y saliste...
Imaginando que esa sonrisa era tuya…




