Quiso abrazar el alivio un poco más, se aferró a la
sensación que sentía en cada centímetro de su cuerpo, intento prolongar esa
respiración una bocanada más… pero no había caso… volvía al mismo lugar, 20
minutos atrás, sentada en la misma silla, fingiendo la misma sonrisa estúpida,
manteniendo una conversación que no quería… Otra vez empezaba girar la rueda de siempre, la que conocía tan
bien, la que dulcemente la envolvía en las profundidades secretas de sí misma.
La sobremesa familiar continuaba absurda como siempre,
ella sentía su cuerpo, sentía el vacío, celaba su secreto con codicia y
vergüenza… No supo bien que la llevo hasta ese recurrente recuerdo, pero se
volvió a ver a sí misma, 10 años atrás, en una cena familiar similar, ella
nunca había sido amiga de ese tipo de reuniones, siempre caracterizadas con absurdas
discusiones. Pero ahí estaba, mirando su plato vacío, deseando llenar el absurdo
con un poco más de flan… El flan nunca llenaba el maldito vacío!
Y casi sin darse cuenta, sin proponérselo, sin
planearlo, ni buscarlo, estaba volcando lo mucho que había comido el baño del
fondo. Solo
lo había hecho para que no le diese un ataque al hígado con semejante cantidad
de alimento, su madre solía retarla por comer tanto… el instante después
de vomitar llego con una sensación desconocida y alucinante a la vez, el alivio
le recorrió el cuerpo, se olvidó del vacío, del absurdo, del miedo… Por unos
segundos no había más nada, ni familiares, ni cuerpo, ni palabras, todo era
aire, ella flotaba y sonreía.
Y si, catorce años son muy pocos como para imaginar
las consecuencias, como para pensar en algún futuro… No sabía entonces que
aquel acto casi anecdótico marcaria tan intensamente su vida.

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